Guía completa
Un líquido que trabaja escondido
Cuando pisas el freno, el líquido transmite la fuerza del pedal a las pinzas. No se comprime, y eso es lo que hace que el pedal sea firme. Pero tiene una característica que no se ve: es higroscópico, es decir, absorbe agua del ambiente a través de juntas y latiguillos. Con el tiempo acumula humedad, y el agua hace que hierva a menos temperatura.
En una frenada normal no se nota. En una bajada larga, en un uso intenso o en pleno verano, las pinzas se calientan, el líquido con agua hierve y se forman burbujas de vapor. El vapor sí se comprime: el pedal se va al fondo justo cuando más lo necesitas.
Medir antes de cambiar
Con un medidor específico comprobamos el contenido de agua del líquido. Si está dentro de lo aceptable, te lo decimos y no lo tocamos. Si está alto, o si han pasado los años que marca el fabricante (normalmente dos), lo sustituimos. En una zona húmeda junto al mar, como buena parte del litoral de Castellón, el líquido envejece más rápido que en el interior seco.
Cambio completo, no relleno
Rellenar el depósito no sirve: el líquido viejo sigue en tuberías y pinzas, que es justo donde más se calienta. El cambio se hace sacando el líquido viejo por los purgadores de cada rueda, en el orden que indica el fabricante, hasta que sale líquido nuevo y sin burbujas.
En muchos coches con ABS y control de estabilidad, una parte del líquido queda en el grupo hidráulico. Para renovarlo hay que activar sus válvulas con el equipo de diagnosis durante el purgado. Lo hacemos cuando el fabricante lo indica.
Lo que aprovechamos para mirar
Durante el purgado revisamos los latiguillos (grietas, hinchazones), los purgadores (a veces están agarrotados y hay que tratarlos con cuidado para no partirlos) y el estado general de los frenos. Si el coche usa el mismo líquido para el embrague, también se purga ese circuito.
Al terminar, comprobamos que el pedal es firme y hacemos una frenada de prueba. Te damos presupuesto sin compromiso antes de empezar.