Guía completa

Gasolina: bobinas que fallan en caliente

En los motores de gasolina actuales cada cilindro tiene su propia bobina sobre la bujía. Con el calor del motor y los años, la bobina puede empezar a fallar justo cuando más temperatura soporta: en verano, tras un trayecto largo o en un atasco. El síntoma es un tirón, un temblor al ralentí y, si el fallo es continuo, el testigo de motor parpadeando.

Ese parpadeo es importante: indica que hay combustible sin quemar llegando al catalizador. Lo prudente es reducir la marcha y no forzar el motor hasta revisarlo.

La forma más fiable de encontrar la bobina defectuosa es la prueba cruzada. La centralita cuenta los fallos de cada cilindro; si el tercero acumula fallos, se intercambia su bobina con la del segundo y se vuelve a leer. Si el fallo se muda al segundo cilindro, la culpa es de la bobina. Si se queda en el tercero, buscamos en la bujía, el inyector o la compresión.

Diésel: calentadores y arranque en frío

Los diésel no tienen chispa; encienden por compresión. En frío, los calentadores calientan la cámara para facilitar el arranque y, en motores modernos, siguen funcionando unos minutos para reducir humos y ruido.

En Castellón no hace el frío del interior, pero las mañanas de invierno sí bajan lo suficiente para que un calentador fundido se note: el motor tarda en arrancar, tiembla los primeros segundos y suelta humo blanco. Medimos la resistencia de cada calentador y el funcionamiento del relé o centralita de precalentamiento.

La extracción, con cuidado

Un calentador que lleva muchos años en la culata puede agarrotarse. Si se fuerza en frío, se parte, y sacar el trozo que queda dentro es un trabajo mucho mayor. Por eso lo extraemos con el motor templado, con herramienta adecuada y sin prisa. Si notamos que uno no cede, te lo comentamos antes de seguir.

Comprobación final

Arranques en frío, ralentí estable, contadores de fallos a cero y, en diésel, sin humo blanco persistente. Te damos presupuesto sin compromiso antes de cambiar nada.